El parásito del Monolito.

Es en la profunda inteligencia del juego, donde se ven las estrategias, los movimientos, los sustos, los riesgos…Pero en un juego infinito de política, siempre deben haber bases. Una de las bases que dan forma a esta estructura normativa trascendental, es el poder mantener siempre al mundo en divisiones. Hacer creer que el idealismo es irrealizable y sumergir al pueblo en una laguna negra de “realidad” y “cotidianidad”. No es que el pueblo decida hoy escoger un color u otro, es que ya es algo que viene de hace siglos, una regla que fue establecida por genios del poder y que por generaciones ha sido mantenida. Se cambió el respeto por el miedo.

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Todos los días: Una lucha, La Lucha.

Son en esos momentos cuando uno se queda mirando al espejo, ves la cara de la duda, ¿qué hago aquí? ¿qué sentido tiene todo esto? Las preguntas filosóficas abundan en variedad; el paso importante es cuando uno decide darle una esencia a su vida. Dejamos de dudar por un momento, por ese instante sólo pensamos, “bueno, ¿y ahora qué?”. ¿Qué sigue? La meta de cualquier persona debería ser, como primer paso, alejarse de la mecanización, en un sistema generalizado, todos estamos siendo arrastrados hacia una robotización del humano, de manera zafia. ¡Qué descarnado es darte cuenta de esto! En vastos momentos de buscar esa mentalidad, esa ideología que se supone que te va a definir, te encuentras con las siguientes cuestiones: ¿estoy buscando mi esencia porque de verdad quiero algo en esta vida -lo cual sería cooperar en esta sociedad-, o es que lo hago porque tengo miedo de aquel mundo cotidiano, el cual todos viven embebidos, morando como peses en un vivero?

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