Todos los días: Una lucha, La Lucha.

Son en esos momentos cuando uno se queda mirando al espejo, ves la cara de la duda, ¿qué hago aquí? ¿qué sentido tiene todo esto? Las preguntas filosóficas abundan en variedad; el paso importante es cuando uno decide darle una esencia a su vida. Dejamos de dudar por un momento, por ese instante sólo pensamos, “bueno, ¿y ahora qué?”. ¿Qué sigue? La meta de cualquier persona debería ser, como primer paso, alejarse de la mecanización, en un sistema generalizado, todos estamos siendo arrastrados hacia una robotización del humano, de manera zafia. ¡Qué descarnado es darte cuenta de esto! En vastos momentos de buscar esa mentalidad, esa ideología que se supone que te va a definir, te encuentras con las siguientes cuestiones: ¿estoy buscando mi esencia porque de verdad quiero algo en esta vida -lo cual sería cooperar en esta sociedad-, o es que lo hago porque tengo miedo de aquel mundo cotidiano, el cual todos viven embebidos, morando como peses en un vivero?

No todos tenemos lo mismos objetivos, ni tampoco las mismas posibilidades. El sistema por mala suerte busca efectividad antes que calidad. ¿Es culpa del sistema neoliberal? Eso sería echar culpas a una sola posición; si buscamos bien nos daremos cuenta que todos los tipos de sistemas hasta ahora creados han llevado al humano a su última corrupción por todos los diferentes tipos de campos de trabajo, ocio y familiar. Algunos, casos más aislados, han podido triunfar y mantener una estabilidad, cumpliendo metas, y consiguiendo mejorías de todo tipo.

Pero hay que ir más a lo individual, lo particular, lo uno. ¿Qué es lo que uno puede hacer por esta sociedad? ¿Me quiero convertir en el próximo que hará bien o mal a la sociedad? No es el tema de definirnos, es el tema de combatir los ideales que son exigidos en la sociedad por los tuyos propios. La sociedad te pide un objetivo, y tú pides otro; sin embargo, el tea está que cuando encuentras ese punto en común de ambas cosas, las puedes unir, las conviertes en uno, y el uno, al final, se convierte en un deber.

El deber es cumplir tu rol para la tertulia, por más mínimo o máximo que sea, pues en el equilibrio constante de la realidad natural, todo afecta de alguna manera. Nosotros, todos quienes hemos podido conseguir un fin en nuestra vida, lo tenemos claro. El fin se convierte en un deber, un deber conseguirlo. ¿Qué pasará después de cumplirlo? Otro deber surgirá, pero hasta que no pase, primero, se debe buscar el uno. Lo que el uno ha de respetar ante toda necesidad humana, es la continuidad del equilibrio natural. Formular este deber es complicado, pero con desarrollarlo y darle tiempo, lo consigues. Pero debemos olvidar el antropocentrismo, y cavilar que somos parte de un universo más ingente, el cual conminará ciertos reproches si no respetas sus leyes y el equilibrio.

Nos mienten, todos nos mienten. La calumnia de la sociedad: estudia algo, saca un título, trabaja, ten hijos, ten vacaciones una vez al año, jubílate, muere. Ese es el cometido en el cual nos han mentido. Pero más que fingir, que inventarse algo, lo que han hecho es convertir estas necesidades sociales en fines sociales. Se ha hecho una cuestión teleológica el cumplir de éstas, cuando deberían ser necesidades que te servirán de base para dar una estructura a tu vida y tu deber, el uno. El fin total será arrebatar por completo a cualquier individuo de la posibilidad de que pueda conseguir su deber -normalmente a éste se le llama sueño-.

¡Levántate y lucha! Ha habido un sinfín de personajes que han dicho esas palabras, y vaticina, todos han sido grandes personajes históricos -tanto en el buen sentido como en el mal sentido-. Todos los días son una lucha, todas las semanas perderás y ganarás batallas. El uno es abstracto y es poderoso, y es escurridizo, pues busca ser intocable para ti. Lo que nos hace grandes al ser humano es el hecho de poder convertir los sueños en realidad, las pesadillas en realidad, y realmente, poder crear cosas. El humano que no tiene equilibrio emocional, es aplazado por las exigencias del uno; el humano que no tiene equilibrio espiritual, es aplazado por las exigencias del uno; y el humano que no tenga equilibrio físico, es aplazado por el uno. No seas un humano con ideales, sé los ideales mismos. El primer rey no fue monarca porque tuviese ventura, sino porque fue más listo.

La lucha continua mientras tú te consagres que no existe batalla más fuerte que la conflagración interna.

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