Una noche lenta.

Ni la novedad ni la necesidad me poseen en esta noche. Escribo desde el pesimismo para poder dar vida a un tipo de reflexión en particular que me llama mucho la atención. Hoy, en un día lúgubre, puedo comprender que tanto el relativismo como el absolutismo son parte del mismo fenómeno. Hoy soy presa, hoy soy el cazado, hoy soy el fugitivo. Queda en negro la situación de que el humano no es de naturaleza conflictiva; se me hace más verdad que de manera innata somos monstruos esperando a poder sobrevivir, usando los medios que poseamos, o nos hagamos de nuevas vías para ello. Sigue leyendo

Reflexiones sobre una filosofía obscura (II): Crítica a la sociedad del consumo.

No hay lucha más infinita y más deplorable que la lucha por la supervivencia del ser humano, esta se da sobre o en contra de otro ser humano, buscando de por sí la necesidad natural pero egocéntrica de querer vivir. En nuestras capacidades no existe anhelo más perverso que la idea estructurada de poder seguir viviendo nuestra vida de manera consumista, alienada, exacerbada y acelerada. Es por la necesidad de buscar un indicio de felicidad, a la cual precede un vacío material potenciado por una sociedad individualista que, desencanta por dejarte morir, en orden de que esta pueda seguir sobreviviendo. Es por tanto que la sociedad, hilada por las influencias del sistema -neoliberal- que permite que la sociedad, como órgano, comience a comerse a sí misma. Los humanos encuentran de por sí un desencanto en lo espiritual y cultural, buscan un relleno material que los pueda satisfacer por un tiempo. Pero como toda droga esta vuelve, en sombras, en el espejo, en tus sueños, en caras, en sonidos, en publicidad, pidiéndole a la víctima que vuelva a caer de nuevo en el círculo consumista que le permita volver a ser feliz. La felicidad nos convierte en cerdos, grasos, gordos, feos y detestables. Somos tan gordos que no podemos caminar por nuestra cuenta y es por eso que le pedimos a las máquinas que hagan nuestro trabajo.
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