Reflexiones sobre una filosofía obscura (II): Crítica a la sociedad del consumo.

No hay lucha más infinita y más deplorable que la lucha por la supervivencia del ser humano, esta se da sobre o en contra de otro ser humano, buscando de por sí la necesidad natural pero egocéntrica de querer vivir. En nuestras capacidades no existe anhelo más perverso que la idea estructurada de poder seguir viviendo nuestra vida de manera consumista, alienada, exacerbada y acelerada. Es por la necesidad de buscar un indicio de felicidad, a la cual precede un vacío material potenciado por una sociedad individualista que, desencanta por dejarte morir, en orden de que esta pueda seguir sobreviviendo. Es por tanto que la sociedad, hilada por las influencias del sistema -neoliberal- que permite que la sociedad, como órgano, comience a comerse a sí misma. Los humanos encuentran de por sí un desencanto en lo espiritual y cultural, buscan un relleno material que los pueda satisfacer por un tiempo. Pero como toda droga esta vuelve, en sombras, en el espejo, en tus sueños, en caras, en sonidos, en publicidad, pidiéndole a la víctima que vuelva a caer de nuevo en el círculo consumista que le permita volver a ser feliz. La felicidad nos convierte en cerdos, grasos, gordos, feos y detestables. Somos tan gordos que no podemos caminar por nuestra cuenta y es por eso que le pedimos a las máquinas que hagan nuestro trabajo.

Terminamos, por tanto, dejando nuestra voluntad de trabajo en manos de algo inanimado. Llegando el siglo de las máquinas, ¿dónde queda lo humano? ¿Dónde quedará lo que nos hace ser seres únicos? Destruiremos nuestro anhelo de consumo por algo constante, una satisfacción permanente que hará que no cuestionemos nunca al sistema; difícilmente lo hacemos ahora, y más adelante será mucho más difícil. La libertad y la democracia nos llevarán, bajo el contexto de desinformación y de desinterés político, a una comunidad -no sociedad- del establishment antropológico absoluto. En otras palabras, existirá un estándar donde el consumo será sustituido por el deseo de estar feliz. Lo que ahora no nos damos cuenta, es que compramos por estar a la moda, y estar a la moda nos da seguridad, nos da identidad, nos da respuestas existenciales, y en tanto, nos da un sentido a la vida. Todo eso sumado, nos da una felicidad individual que permite al ser humano ser libre de sus deseos. Pero no es la felicidad aristotélica, pues este esperaba una felicidad ligada a la contemplación, a lo meditado, a la virtud y a la sabiduría. Es la felicidad del consumista, del humano que tiene un vicio, es rápida en acción (necesidad de obtención inmediata) y en tiempo (nos olvidamos de lo que tenemos en vista a tener algo nuevo, como lo es en los Smartphones).

No entender que la condición humana puede cambiar, y que nos han cambiado, es como negar que el agua es incolora, pues no existe mayor tristeza que ver la realidad y no entender que el pueblo vive mirando más la pantalla del teléfono que su vida; existe un rechazo inconsciente al nihilismo ya que hay una búsqueda no filosófica del sentido. El virus del neoliberalismo es como un bicho que mora por las entrañas de un animal sin avisar, lento y de manera silenciosa. Este buscará la manera de reproducirse y así contaminar al cuerpo, convirtiéndolo en huésped, proveedor de recursos. ¡No hay, hoy en día, mejor virtud que la capacidad de poder tener y ganar dinero! Es famosa la frase: “Sé que el dinero no lo puede comprar todo, pero estaría mejor llorando en mi yate privado que en mi departamento alquilado”. No existen ya humanos libres. Nos tienen reprimidos como simios al poder de la máquina, el internet, el dinero y el consumo. El consumo, esta palabra está metida en todas partes. Es el fantasma del capitalismo. No hay cuentos buenos, ni héroes, si no hay villanos de por medio. Pero, como todo buen juego, existe el malo final, el gran jefe difícil de derrotar, o imposible, y este es el capitalismo como sistema. Puede que sea una buena economía, o puede que sea aplicable a ciertos rasgos políticos, pero definitivamente no sirve como sistema hegemónico dominante que permite dar ley y orden a la humanidad creadora del susodicho.

El Quimera:  

El sistema abstracto, algo así como un objeto intangible que domina en las mentes de aquellos que están en el poder. Si bien la estructura de nuestro globo es básicamente donde el poder y el dinero están centrados en pocas personas; existe en el trasfondo metafísico un ente poderoso que termina por ser el verdadero titiritero de la novela. El capitalismo, es el Leviatán de todo, se implantó solo y en su guerra contra el otro Leviatán del comunismo, salió vencedor y, como buen guerrero, alzó su trofeo ante el público. Yendo a la especulación, diría demasiado que el capitalismo tiene una búsqueda de un sentido, pero definitivamente no podría decir que no está vivo. Determinando que lo vivo no necesariamente debe tener consciencia de sí mismo, el capitalismo sería un sistema vivo que en las mentes de sus creadores solo sería algo que traería estabilidad. Pero en consecuencia, este sistema trae tragedia y tristeza a un mundo desolado por la batalla y la competencia, la muerte y la desgracia. La competencia del humano es algo que ha caracterizado a nosotros, desde el siglo XX al XXI (erraría, y ya me vuelvo idealista, diciendo que seguirá siendo así más adelante).  Nos hacen pegarnos por un trozo de algo, pero este algo tiene un valor que nos atrae como la gravedad, nos produce una necesidad casi axiomática de tener que poseerlo, y de esto, creamos nuestras armas con las que nos destruimos. ¿Está en la naturaleza humana ser tan conflictivos? Estos aspectos se han de ver de distintas maneras, o desde caminos diferentes. Pero por mucho que la naturaleza dicte una cosa, el humano dicta otra, y el controlador de ambas, el capitalismo, monstruo de los mares, la tierra y el aire, que yace sentado en el trono cósmico esperando a seguir siendo engordado por la suma de egocentrismos e idealismos fallidos -es un objeto morboso y arrugado, sudoroso y curvado, le cuesta respirar de la acumulación que tiene de energía competitiva. Por cada cosa que uno compra en favor de cubrir la necesidad de consumir, este endriago crece un poco más, haciéndose más pesado y llenándose de discapacidades-, dicta otra. Los más consumistas se terminan en trasformar en algo similar a él, pudriéndose por dentro, en el alma, en favor de complacer a este ente, este engendro.

Usando la metáfora del "Lado Oscuro de la Fuerza" de Star Wars, se entiende cuál es el camino a tomar por quienes van por el consumismo.

Usando la metáfora del “Lado Oscuro de la Fuerza” de Star Wars, se entiende cuál es el camino a tomar por quienes van por el consumismo.

Los tres pilares: 

Si existe la Tierra, el Quimera (Capitalismo) y la Humanidad, doy por hecho que no pueden convivir las tres mucho más. Y es por conclusión que en algún momento alguna tendrá que caer. El idealismo tiende a defender que el humano prevalecerá porque sabrá resolver sus problemas de buena manera (y la Humanidad y la Tierra prevalecen, el Quimera será sustituido por uno nuevo hasta que este engorde y provoque caos y desorden como el primero). El Realismo defendería que la Tierra y sus leyes naturales tomarán posesión del humano y su condición para así hacerlo conflictivo, en dicho caso probablemente el Quimera y la Humanidad caerán -algo así como una Tercera Guerra Mundial- ante la Tierra y esta creará nueva vida, una protohumanidad. La economía perturbada daría a pensar que es el Quimera quien prevalece y por tanto, como el Quimera necesita de la Humanidad para vivir, la Tierra se verá en una calamidad imparable, y esta destrucción acabaría con la Humanidad, que a quo terminaría con el Quimera. Precede una guerra de ideales y de entes, pero de lo trascendental pasaría a lo material. Permitir esto, bajo ignorancia y apatía humana, hace que el humano sea desdeñable. No inspira. Si no damos razones para que podamos quedarnos, de alguna u otra manera nos terminarán por eliminar. En mi criterio, la naturaleza siempre tiene una fuerza mayor que la que nosotros podemos tener y eso le da ventaja.

La batalla final entre las entidades.

La batalla final entre las entidades.

El consumo trae de por sí la envidia, y la envidia trae de cerca al odio. Nuestra sociedad se llena de odio, se llena de personas que solo buscan tener lo que otros tienen, y que detestan que otro sí lo tenga. Nos antecede un conflicto interno antes que externo, aunque se manifieste de manera externa, pues en nuestros alegatos, nuestras manifestaciones de dicha necesidad, podemos obtener solo un perjuicio sobre otro, dando imágenes adelantadas de lo que es algo que no conocemos. Envidiar también puede llevar a la violencia, la imprudencia, lo inverosímil, la incoherencia y el más definitivo, la tristeza. Pero no hay que engañarse, la tristeza lleva por tanto a cuestionarse qué fue lo que pasó, y es aquí donde el consumismo ataca y, busca de llenar tu tristeza, vuelves a gastar alimentando al único beneficiado, al sistema.

El sistema corrompe el alma humana, llevándola por caminos que el humano racional no iría, pero en la irracionalidad del consumo existe una niebla del camino, pues tomamos caminos desconocidos y peligrosos donde no sabemos cuando pero de repente el golpe nos lo llevamos sin darnos cuenta. La virtud de la racionalidad es que nos ilumina un camino. El consumo solo busca ser alimentado por el alma opaca. Si damos por vencido que estamos condenados a vivir en esta sociedad, sino existe ningún atisbo de idealismo en nuestro espíritu del cambio, entonces podemos dar la sociedad por muerta y acabada. Ser simios sin pensamiento es como morir y ser el más rico del cementerio. 

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