El presidente Trump: Una nueva esperanza para la extrema derecha europea

¿Estamos ante un nuevo mapa político? ¿O nos hemos encontrado ante un antiguo mapa político?

Por más corto que sea esta entrada, se debe hacer un pequeño pero importante análisis de lo que pasa con el nuevo presidente de EEUU, Donald J. Trump, y cómo su victoria afectará en el futuro para que estos movimientos, en tanto que son nuevos como formaciones no lo son en ideología, tendrán más oportunidades para llegar al poder en los distintos países de Europa, y por fuera, en Gran Bretaña (o lo que va quedando de esta).

No sé si estamos ante un nuevo mapa político pero también dudo que el contexto en el que nos encontramos sea parecido de alguna forma al anterior que había antes de la Segunda Guerra Mundial. Si es cercano al segundo escenario, es porque Trump triunfó en EEUU. Lo que cabe preguntarse ante todo es: ¿Es Trump un fascista o un racista? Sin duda para responder a esto primero hay que afirmar que de forma definitiva Donald Trump, el 45º presidente de EEUU, es un machista, en toda su expresión. No obstante, eso no lo hace un fascista o un racista. El ahora presidente de EEUU empezó su campaña por el Partido Republicano como un outsider del partido, donde todos lo criticaban, lo caricaturizaban y lo repelían políticamente. Pero al final del día, Trump terminó por imponerse al Partido Republicano y, a la larga, les dio el triunfo hacia la Casa Blanca. Esto no fue sin unas condiciones de exigencia por parte del partido a Trump, tales como quitar las leyes pro LGTB; reforzar el conflicto en Siria (esto también viene por parte de las industrias armamentísticas); olvidarse del cambio climático, entre otros. No obstante, Donald Trump no es un fascista, pero cumplir con las exigencias del partido lo hace un cómplice del republicanismo, que tiene tildes de nacionalismo exacerbado y racismo genético (por el tema de la raza blanca, pero no son nazis, los combatieron, ¿recuerdan? Ahí está la ironía).

Pero ahora que Donald Trump llegó al Olimpo, este se convierte automáticamente no solo en una persona, se vuelve un concepto, una escuela de pensamiento, una acción, un Estado. Él es la figura del Estado de EEUU, es la nación, es a lo que muchos estadounidenses mirarán en las mañanas, como ejemplo a seguir o como persona non grata de su nación.

Como concepto es más fácil de analizar que como persona, y creo que la era de Trump estará llena de sorpresas. Pero, ¿a qué me refiero con la era de Trump? Es algo más allá de EEUU, son cuatro, u ocho años, de un cambio global, de un nuevo comportamiento en en el orden mundial. Según el humor de EEUU es como muchas cosas pasan o actúan.

Respecto a lo que pasa en Europa…

Por ahora Trump no ha hecho comentarios respecto a las formaciones de extrema derecha que nacieron en Europa por la alta inmigración de sirios, quienes escapaban de la guerra, y de otras naciones (sobre todo eslavas). Estos movimientos también vieron la luz por el llamado euroescepticismo, una fuerza de augura la desintegración de la Unión Europea, tachándola de ineficaz y de haber olvidado sus principios (algo que comparto). Para más afluencia y coordinación de estos nuevos partidos de extrema derecha, el Brexit gana en Gran Bretaña, nuevamente demostrando la duda que hay sobre la UE (siendo que la isla inglesa no es ni políticamente ni culturalmente parte de la UE, solo económicamente).

¿Cuál será el nuevo camino de estos partidos? Verán que llegar al poder no es cosa fácil, pero pareciese que muchos comparten el sentimiento xenófogo y homófogo con ellos. A veces pienso que estos nuevos movimientos son una forma de sacar lo peor de la gente, de los ciudadanos del mundo. Los partidos están hechos para llegar al poder, para conectar con sus militantes y llevar representantes al podio político.

Los nuevos partidos han visto el triunfo de Trump como la nueva esperanza para levantarse contra las desdichas que estos aborrecen y poder cambiar este curso de comportamiento. Desde Alemania hasta Inglaterra, cruzando por los países del este de Europa hasta el sur perdido del mediterráneo italiano; así de grande es el nuevo extremismo teñido de partidos europeos. La primera pizca fue cuando Amanecer Dorado llegó al legislativo en Grecia, un partido neonazi que buscaba cambiar y mejorar su gran nación. Hoy es el Partido Republicano con Trump en el país más importante del mundo, por ahora. Queda por ver hacia dónde se dirigirá el destino de Europa para los próximos cuatro años.

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